Daniel Salorio, el escultor que crea a través de elementos encontrados en la naturaleza

 

MARTA BARROSO 13 enero 2020

 

Daniel Salorio en su taller

 

Daniel Salorio, 49 años, fotografiado junto a algunas de sus curiosas creaciones animales. Álvaro Felgueroso

 

 

Nieto y bisnieto de dos grandes pintores, Daniel Salorio crea arte a través de elementos encontrados en la naturaleza. Nunca poda para recrear su fauna fantástica.

 

La cita es en su casa, rozando el cielo de Madrid, en un ático del centro donde reparte su vida familiar -está casado y tiene un hijo- y profesional. Cuando subes hasta allí y tu mirada se pierde entre los cientos de tejados que despuntan, cada cual a su manera, comprendes que es el espacio ideal para que un artista se inspire para hacer su obra. Daniel Salorio (La Coruña, 28 de diciembre 1970), el escultor de la naturaleza, el hombre que crea sus esculturas a través de los materiales que recoge del suelo -en España o en sus viajes por bosques, campos, orillas de ríos y litoral- y a los que es capaz de dar forma para recrear figuras animales reales y otorgarles una nueva vida, una vida eterna.

 

Su forma de crear nació hace 15 años cuando, recién casado, se fue a vivir junto a Amaya, su mujer, a una casa que le habían dejado en Ibiza. "Tenía un jardín salvaje, desmadrado, porque su dueño tenía por norma que no se podía podar ni tocar las plantas", cuenta Daniel con su leve acento gallego y una simpatía arrolladora. "Pasábamos allí los veranos y en los tiempos muertos paseaba por el jardín. Empecé a ver esa naturaleza desbordada, me dio por empezar a jugar un poco con ella, cogía algo que me gustaba -a lo mejor unas pitas ya desgastadas, retorcidas, o bellotas-, cosas que no se podaban y estaban en el suelo, y comencé a montar insectos que les ponía patas, ojos", rememora.

 

Así comenzó. De hecho, su web se llama Mis bichos. Y con sus manos, su imaginación y alguna pequeña herramienta, Salorio inició su camino por el universo de la escultura, sin ser consciente de ello, con esos elementos que en sí mismos son su inspiración. Los que reutiliza y convierte en figuras de una fuerza increíble y que parecen pertenecer a universos fantásticos, con los que hace un auténtico homenaje al ecosistema.

 

Por sus venas corre sangre de artistas. Nieto y bisnieto por parte materna de dos grandes pintores, Bernardo y Enrique Simonet, cuenta con cariño su relación con su abuelo. "Cuando los nietos hacíamos la Primera Comunión, nos hacía un retrato como regalo. Te pasabas dos semanas con él en su casa, era una pasada, no solo por verle pintar sino también por descubrir la mentalidad del artista que nos hizo ver las cosas de otra manera: los edificios, los colores, los árboles, los animales... Nos daba una mirada diferente de todo lo que nos rodeaba", cuenta. Aún así Daniel -admirador de Dalí, Picasso, Thomas Schütte o Barceló-, confiesa que su parte artística no comenzó junto a él, sino que se inició con la música, su pasión y profesión.

 

Inspirador

 

Tiene una empresa de producción, organiza conciertos, música para eventos e incluso durante un año y medio se encargó de la programación musical del restaurante madrileño Amazónico. "Y tengo mi grupo, Tranceúntes, con el que hemos grabado varios discos y hacemos nuestras cosas. Yo toco percusión y, aunque no hemos tenido un recorrido muy largo, este verano tocamos en un festival en Hungría, en otros en España y ya tenemos fechas para 2020", apunta. Es autodidacta en la música y en la escultura. Y un hombre disciplinado. Todas las mañanas -le gusta la luz del día-, tras dejar a su hijo en el colegio, vuelve a casa y sube al estudio. Allí, siempre acompañado por la música, comienza a trabajar. "Solo lo hago con material orgánico, jamás podo y no me gusta intervenir en la pieza. Si cojo una hoja no la corto para que encaje, la dejo como está, y a partir del diseño de la naturaleza voy añadiendo otros elementos. Utilizo lo que me atrae, aunque sea de la misma familia. No todas la bellotas son iguales, ni las hojas de un árbol. A unas les da el sol, a otras no, caen encima de una piedra y se secan de manera diferente a las que lo hacen en una zona húmeda", explica.

 

En su estudio tiene pequeños utensilios: un taladro multiusos, alicates, tijeras, sierras, cuchillas, cutters... ¿Y su forma de trabajar? "Me siento, cojo una pieza que me gusta y la miro desde todos los ángulos posibles hasta que de repente me dice 'puedo ser el cuerpo de algo que puede desembocar aquí'. Otras veces no se me ocurre nada en toda la mañana, pero no me levanto hasta la hora de comer. Lo que dijo Picasso es una verdad como un templo: 'Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando'". Sonríe. Como lo hace durante toda la entrevista. Con ese aire bohemio que se impregna en él y en todo lo que le rodea. Hablamos de los Premios Personajes Fuera de Serie de este año. Él ha sido el encargado de hacer las esculturas que se han entregado a los premiados. Todo el mundo le dio la enhorabuena. "Pensé en pájaros, cada uno tiene su personalidad, mira a diferentes lados y tiene una base de color distinto". Están cargados de sensibilidad artística. Como él.

 

Exposiciones

 

La primera exposición de Salorio fue en una tienda de Madrid y vendió todo (2009). Después hizo dos en Espacio Valverde, y también se quedó sin piezas "En esa época todo eran animales, bichitos, y luego empecé a hacer personajillos curiosos. Suelo exponer una vez al año". Ahora sus obras se cotizan entre 1.400 y 6.000 . Su última exposición, "En el fondo", fue en octubre en la Galería Materna y Herencia, y en ella homenajea a los seres que habitan en el fondo del mar y a los que, desde la superficie, se sumergen para dar vida a su mar particular.